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Luis Miguel Villar Angulo

Almuñécar: ceñida de montículos en la costa tropical

Almuñécar

Almuñécar: Castillo San Miguel, Virgen de la Antigua, Factoría de salazones, Peñón del Santo, Iglesia de la Encarnación, Palacete de Nájera, Hombre del Campo, Parque ornitológico “Loro Sexi”, Abderramán I, Monumento a los fenicios, Jardín-Museo del Bonsái y Acueducto de La Carrera

Almuñécar: ceñida de montículos en la costa tropical.

 

La subida al Castillo de San Miguel desde la playa San Cristóbal tenía una pendiente esforzada para el caminante, pero brindaba una visión de diversos escenarios: las murallas y torreones del castillo y la fronda del Parque Botánico “El Majuelo” con los muy crecidos estípites de las palmeras coronadas con palmas que aventaban la subida del caminante.

Junto a la ladera de la calle Cuesta del Castillo prendían plantaciones de agave americano, maguey del dragón, sisal, aloe, y otras vegetaciones suculentas. El ruido de los graznidos de loros anunciaban el Parque Ornitológico “Loro Sexi”, que recordaba el nombre de la colonia fenicia, origen de Almuñécar (Ex, Secks o Sexi), que posteriormente los musulmanes renombraron como Hins-al-Monacar («rodeada de montañas») en el siglo VIII.

Subiendo el espolón rocoso se distinguía el lienzo de la muralla rematada por almenas piramidales y torreones defensivos de distinta forma y época. Llegado a la entrada principal, flanqueada por dos cubos de piedra y un foso que fue obra de Carlos I, se notaba mejor la construcción de piedra y tapial de muchos paramentos y de la torre albarrana.

En el interior del Castillo, la torre del homenaje no dominaba en altura sobre el resto de los torreones. De la mano de los musulmanes se observaban ladrillos en distintas partes del reducto fortificado. Para un viajero, que echara de menos un plano del interior en papel para seguir el itinerario de la fortificación, satisfacía su curiosidad una presentación de tres personajes ataviados según culturas que se proyectaba en la torre del homenaje. Debatían pormenores de varias épocas del castillo: griega, cartaginesa (Manoba Sexi Armun), romana (siglo III a.C.), árabe y cristiana.

Desde el patio de armas se accedía al pabellón militar donde se desplegaban maquetas de la fortificación y paneles ilustrativos. Fuera del edificio aparecía un aljibe musulmán y algunas lápidas en el suelo de la época en la que el Castillo fue cementerio. Hacia la torre de poniente, se ubicaban las mazmorras para custodiar prisioneros (unos grilletes de hierro se encontraban en el Museo Histórico de la ciudad). Los baños árabes, la noria y algunos paramentos de la antigua mezquita recordaban el uso dado a este recinto por los musulmanes.

Unas salas con restos arqueológicos conformaban el Museo Histórico de la ciudad al lado de la Puerta de la Coracha, que era un espolón de la muralla utilizada para el abastecimiento del Castillo. En el museíto se desplegaban paneles informativos sobre oficios de la época y las vitrinas mostraban piezas culturales (una cabeza de Quimera etrusca, una cabeza de guerrero imberbe de un templo romano o una figura de Priapo, dios rústico de la fertilidad) y domésticas (cono de azúcar, lucernas, vasos y cuencos, o un anafre u hornillo islámico del siglo XII).

Desde la batería cristiana del siglo XVI se notaba el lienzo de muralla de la coracha provista de troneras que avanzaba hacia el Peñón del Santo, de 30 mts. de altura, coronado con una enorme Cruz construida en 2007, que se adentraba en el mar y separaba dos playas: Puerta del Mar y San Cristóbal.

A los pies del Peñón del Santo, el Monumento a Abderramán I, de unos cinco mts. de altura, recordaba la llegada de los omeyas en 755. Era una obra de Miguel Moreno Romera, granadino, que había dejado bastantes testimonios de su producción escultórica en esta ciudad, así como una escultura conmemorativa de un fatal suceso marino ocurrido en 1569 en la impresionante playa de La Herradura (Monumento a los hombres del Mar).

Algunas viviendas se apoyaban en la muralla de Levante aprovechando el tapial, recordando la época árabe cuando Hins-al-Monacar era una medina. (Almuñécar alcanzaba alrededor de 28.000 habitantes en 2016).

Almuñécar y especies de museos

Desde 1984 el Museo Arqueológico se encontraba en la “Cueva de Siete Palacios” de la calle San Joaquín. El Museo arqueológico contenía ánforas fenicias, púnicas y romanas, figuritas de la cultura argárica y una pieza de valor: un vaso egipcio de la época del faraón Apófisis I del siglo XVII a.C.

El arrabal de San Miguel se estructuraba en callejuelas zigzagueantes de variada planimetría: su quebrado contorno era la cara de la antigüedad. Se oponía diametralmente a la playa de bolos y callaos de Velilla, un barrio de macizados edificios con apartamentos que ocultaban los ribetes rocosos que bordeaban la costa: era el envés urbano, la faz especulativa del reciente desarrollismo turístico.

Bajando hacia la plaza de la Constitución y doblando la fachada del Ayuntamiento otro nuevo repecho me conducía a la Iglesia de la Encarnación. Desde este nuevo promontorio un canal de un depósito de época romana había provisto de agua a la antigua Factoría de Salazones, al lado del Parque Botánico “El Majuelo”.

La torre de la iglesia enclavada en el centro del barrio y atribuida a Diego de Siloé, interpretaba las horas de culto para los feligreses con el tañido de sus campanas. Antiguamente, y en ese mismo enclave, un cementerio fenicio recordaba el miramiento al más allá.

El templo era del siglo XVII (“IHS Año 1600”, constaba en el frontón de la fachada). El edificio de una nave y estilo protobarroco estaba cimentado con sillares de mampostería y ladrillo, olvidándose de las construcciones mudéjares, tan prodigadas en la geografía española. Sus bóvedas vaídas y sus arcos resaltados (fajones) rompían la visión de la bóveda que se fragmentaba con dos cúpulas: una cerrada y ciega en el crucero y otra en forma de horno detrás del altar. Sobrio en la decoración, albergaba la Patrona del pueblo: la Virgen de la Antigua.

En una plazoleta próxima, la Casa de la Cultura desplegaba una cartelería con la programación mensual de actividades formativas y de ocio. Encaminando los pasos hacia el Acueducto romano se levantaba el Monumento al Hombre del Campo de cuatro metros de altura y bronce fundido, y al igual que el de Abderramán I, había sido realizado por Miguel Moreno Romera, supuesto artista municipal. A juzgar por las estatuas salidas de la mano de este artista, su estilo combinaba piezas de latón soldado de formas truncadas que daban volumen a algunas alegorías (Monumento al agua y Monumento a los fenicios) con otras imágenes de bronce macizo.

Un tramo del acueducto romano de Sexi, que tenía 7 kms. de longitud, se databa aproximadamente en el siglo I d.C. Era un Bien de Interés Cultural (1931) y un ejemplo de conservación en Andalucía. El tramo Acueducto de La Carrera en el centro del pueblo tenía un solo cuerpo con 17 arcos. Bajo uno de ellos pasaba la calzada que conducía desde Cartago Nova hasta Malaca. Cerca, el Pilar de la Calle Real de 1559, construido con elementos decorativos renacentistas, era la primera canalización romana que surtió de agua la ciudad.

Esta zona del pueblo concentraba la vida comercial y las comunicaciones de los habitantes. Cerca estaba el Mercado Municipal con sus puestos de pescado, carnes y frutas en el interior y floristerías en el exterior del edificio. A pocos pasos, la Estación de Autobuses y otros servicios municipales con el Monumento al Agua. Al lado, la Puerta de Almuñécar, de reciente creación, marcaba un espacio para el comercio fugaz y concentrado de los viernes y domingos con mercadillos de ropa y trastos, caravanas atestadas de armatostes y vendedores ambulantes.

Almuñécar tenía otros museos que le daban originalidad: el Jardín-Museo del Bonsái y el Parque ornitológico “Loro Sexi”. El primero ampliaba su horizonte cultural introduciendo el cuidado de 200 plantas autóctonas y asiáticas sobre bandejas a la manera japonesa, en particular, el jardín seco o “Zen”. El segundo era un espacio educativo: la cartelería de los arriates y jaulas detallaba los nombres comunes y científicos de plantas y especies ornitológicas (cacatúas, cotorras, guacamayos, loros, y otros animales como los lemures, propios de Madagascar).

El Parque Botánico “El Majuelo” era un reducto entrañable: las glorietas estaban adornadas de esculturas contemporáneas realizadas por artistas sirios y en ellas florecían 182 especies tropicales y frutos procedentes de distintos países, como el aguacate.  En los restos arqueológicos de la antigua Factoría de Salazones, primero fenicia y luego romana, se había fabricado el oloroso garum, salsa hecha con sangre y vísceras fermentadas de pescado (boquerón, sardina, jurel, caballa, atún rojo, etc.), afrodisiaca, y codiciada por la clase alta de la Antigua Roma. Finalmente, una zona dedicada a la artesanía (lutier, ganchillo) añadía mayor versatilidad al consumo apacible del tiempo libre.

En un edificio de estilo neo-árabe (S. XIX) se había instalado la Oficina Municipal de Turismo: el Palacete de Najarra que tenía un jardín cuidado y una colección de fósiles marroquíes expuestos al aire libre.

Almuñécar y la fruta tropical

Almuñécar: ceñida de montículos en la costa tropical

Almuñécar

A la salida de la Oficina, el río Seco (no tenía caudal), separaba las edificaciones del barrio de una inmensa huerta de árboles de chirimoyas. El pueblo había reservado esta masa verde de exuberante follaje y porte erguido como un auténtico pulmón que refinaba la atmósfera, contrastaba con el color blanco y marrón de muchas casas y lo homologaba como centro neurálgico de producción de las acorazonadas chirimoyas o chirimoyos, un fruto hecho de frutos adheridos y agregados, como había sido el desarrollo de Hins-al-Monacar.

Almúñecar: ceñida de montículos en la costa tropical es uno de los pueblos costeros más bonitos de España, como otros narrados en este blog: Mojácar, Cadaqués, Peñíscola, Ciudadela o Gandía

Luis Miguel Villar Angulo

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