CU de la US
Luis Miguel Villar Angulo

Villa Ducal de Montblanc

Las Villas Ducales tuvieron una clara influencia política, económica, social y cultural en las comarcas donde los señores eran dueños de las villas. Las Villas Ducales tenían una tipología urbana diferenciada. En unos casos, un palacio reestructuraba la ciudad (Pastrana o Gandía); en otros, las Villas Ducales se ceñían a un castillo (Alba de Tormes); también podían ser propiedad de un valido que tuviera palacio, jardín, huerta y parque (Lerma), o conservaban el título por sus colegiatas y conventos (Osuna).  

La Villa Ducal de Montblanc mantenía lienzos de piedra que envolvían su recinto abaluartado. Desde la planicie situada frente al Convento de San Francisco advertía el recinto amurallado e imaginaba la ristra de sus 25 torres defensivas. No paseaba la gente aunque hacía una temperatura sorprendentemente placentera de tarde otoñal. Los aparejos de piedra de la muralla eran irregulares a lo largo de los 1.700 metros de longitud del recinto perimetral. Además, unas piedras estaban talladas a escuadra con sillares medianos en la base y en las esquinas de los baluartes. Construido el muro defensivo siguiendo el canon romano de hiladas medianas y pequeñas, había tramos de paramento reconstruidos con aparejos isódomos y otras partes de mampostería ordinaria. Fundada la Villa Ducal en 1163 por Alfonso II el Casto, era la villa amurallada más importante de Cataluña con un recinto fortificado de antigüedad considerable (1366 y 1397). 

Me desplazaba por la calle con cierta prisa con la intención de ver el casco antiguo, declarado Conjunto Histórico-Artístico en 1948. Así sucedía cuando visitaba una villa o ciudad sin pernoctar en ella. Sucedía siempre lo mismo con las excursiones de una jornada, radiales y desde un centro turístico, en este caso Salou.

El antiguo Convento de San Francisco era un edificio de estilo románico construido hacia 1238, sin adornos en la fachada y pesados contrafuertes en los muros laterales. Estaba cerrado al público, y desamortizado por obra de Mendizábal desde 1836. Los ajimeces daban luz a las capillas laterales entre los contrafuertes. Aunque el ajimez más importante era el que se abría sobre la portada con dos maineles. El edificio tenía la encomiable función de servir como un espacio de usos múltiples. Entonces aprendí que el nombre del templo se debía a una visita de San Francisco de Asís en los años 1211 y 1214. En la historia de este convento cabía el privilegio otorgado por el rey Fernando I de Aragón para que se celebraran en él las Cortes Catalanas de 1414.

En casi todos los pueblos existía una leyenda. Aquí no podía faltar. En el tramo de muralla denominado de San Jorge se habría la torre-portal de San Jorge con tres pisos y una puerta de rastrillo que era uno de los dos portales abiertos en torres. La compuerta estaba orientada a las montañas de Prades por donde se situaban 11 conjuntos de pinturas rupestres que eran Patrimonio Mundial por la Unesco. Se contaba, y así lo atestiguaba un mosaico colocado en el lugar (“La llegada de Sant Jordi. Centúries enrere va presentar-se a les portes de la vila de Montblanc un drac espaordidor…”), que fue aquí donde San Jorge mató al dragón. Siguiendo la tradición de la hazaña del Santo cada 23 de abril se celebraba algún acontecimiento medieval. A mí me llamó la atención un arbusto de rosal plantado  junto a un estandarte metalizado con una cruz que recordaba el acontecimiento.

Rosal, recinto amurallado, torre-portal de San Jorge, Convento de San Francisco

Aunque no viera la ciudad desde lo alto del paso de ronda de las murallas, me detenía para contemplar sus calles empedradas de quietud escueta y sus edificios de color pardo claro. La calle Mayor era el eje por donde giraba la vida urbana. En una placita se elevaba la torre-campanario de la iglesia de San Miguel que había sido elegida como sede para celebrar las Cortes Catalanas en 1307 y 1370. Posteriormente, acogió el Parlamento General de Cataluña durante el interregno y antes del Compromiso de Caspe de 1410. Tenía una portada románica de medio punto. Se caracterizaba ésta por las piedras en forma de cuña que servían para configurar el arco (dovelas) y las molduras decrecientes ordenando arcos menores (arquivoltas). Desde la puerta principal se veían tras una cristalera arcos apuntados diafragmáticos y una cubierta de madera policromada a dos vertientes en el interior de la planta de salón. En fin, era un templo que tenía un sistema de construcción distante del que solía contemplar en otras iglesias con cimbras y bóvedas.

En la Plaza Mayor porticada estaba el Ayuntamiento construido en los estilos gótico y renacentista de los siglos XIII-XIV, aunque excesivamente restaurada la fachada. La página web del Consistorio tenía una entrada dedicada a Curiosidades que me ayudaron a comprender aspectos de su historia, toponimia, constitución del municipio, ferias y mercados. Montblanc tenía escudo propio desde 1287; Jaime II era considerado como el conde-rey más montblanquí; había sido sede para la celebración de hasta cuatro Cortes Generales de Cataluña; la iglesia de Santa María tenía desde el siglo XV la figura de rector parroquial (plebà); el pueblo había sufrido los avatares de asaltos y luchas de tropas de Castilla; el mayor desarrollo demográfico de la Villa Ducal se había producido en el siglo XVIII; por entonces, un misionero, Magí Català y Guasch (1761- 1830), había evangelizado la costa oeste de Norteamérica; en el siglo XIX se derribaron arcos de la muralla para el paso de carros, y desde el año 2000 tenía himno propio. Esta evolución histórica descrita a vuela pluma no empequeñecía su importancia.  

Contrario a mi costumbre, no había podido visitar ninguno de los cinco museos que tenía el pueblo. En particular, habría sido interesante conocer el Centro de interpretación de Arte Rupestre para compararlo con otros visitados, como la Cueva de Altamira en Santillana del Mar (Cantabria) o la cueva de Ekain en Cestona (Guipúzcoa). 

Era llamativo que una entrada de la web del Ayuntamiento sobre Curiosidades no aludiera, sin embargo, al barrio judío, a pesar de que subsistían vestigios de su existencia en un arco, calle de judíos y una fuente que rendía homenaje al «call» judío, que había estado compuesto por unas sesenta familias que tenían aljama, cementerio y sinagogas. Esta comunidad había sufrido asaltos de los propios montblanquíes, debido a la prosperidad en el comercio. Los judíos fueron definitivamente expulsados por los Reyes Católicos, aunque muchas familias judías habían emigrado previamente a las Islas Baleares, en particular a Menorca.

Iglesia de San Miguel, Calle Mayor, Ayuntamiento, edificios en la plaza del Ayuntamiento, judería

La Villa Ducal de Montblanc conservaba una cruz renacentista con un pedestal de escalones, un fuste helicoidal y un capitel gótico en el exterior del templo de la iglesia gótica de Santa Maria la Mayor. Estaba situado en lo alto de la colina a la que se accedía por una cuesta escalonada y empedrada. La fachada de la iglesia era barroca con retazos renacentistas. Tenía tres niveles la fachada. Las columnas eran de estilo corintio. La Virgen María aparecía en el segundo nivel con apóstoles entre columnas. En el tercer nivel, se encontraba el escudo de la ciudad dentro de una orla. Se apoyaban los arbotantes en contrafuertes reducidos en el ábside, mientras que en los laterales, los contrafuertes se elevaban con pináculos. Algunos sillares de la fachada contenían inscripciones de los canteros. La altura del templo sobre el promontorio incrementaba la visión de la silueta de la iglesia desde muchos ángulos del núcleo urbano. 

Cruz renacentista. Portada de la Iglesia de Santa María

Destacaba la altura y grandiosidad de la nave con bóveda de medio cañón de la iglesia gótica de Santa María. Miraba con atención las bóvedas de crucería. Observaba el prodigioso órgano barroco de 1607 (varias veces restaurado) con sus paneles abiertos con pinturas. Mantenía mi curiosidad el retablo de piedra policromada del siglo XIV de San Bernardo y San Bernabé. Miraba de frente al altar mayor y contemplaba la titular de la parroquia tallada en madera policromada del siglo XVI, la Virgen del Coro. También conservaba un retablo con una imagen de la Virgen de Montserrat. 

Interior de la Iglesia de Santa María. Altar Mayor. Órgano. Retablo

Las pastelerías Dueñas y Andreu situadas en la calle Mayor daban color a la vista por la originalidad de los diseños pasteleros, que recordaban platos de la gastronomía catalana. Un tramo de puente medieval nos avisaba que el cercano río Francolí desataba periódicas riadas. La Villa Ducal de Montblanc se iluminaba al atardecer sin que hubiera parado su actividad fabril. 

Pastelería. Fábrica. Atardecer.

Recordaba ciudades y pueblos que había visitado recorriendo los paseos de las murallas (Ávila, Girona, Lugo, Peñíscola, Ciudad Rodrigo, Laguardia, Morella…) y me entraba cierta nostalgia por no haber recorrido el cinturón de 1.700 metros de la Villa Ducal de Montblanc desde una altura de 6 metros y un espesor de 1,20 metros, aproximadamente. 

Concepto de villa ducal. pdf

Luis Miguel Villar Angulo

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