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Luis Miguel Villar Angulo

Sigüenza, la Catedral y el Doncel

Sigüenza, la Catedral y el Doncel,  por Luis Miguel Villar Angulo.

Sigüenza, la Catedral y el Doncel

Vistas de la Catedral

Desde el Quiosco la Música en el Paseo de la Alameda, después de haber cruzado el puente sobre un hilado de agua que los habitantes llamaban río Henares, iniciaba la subida al casco antiguo de la ciudad de Sigüenza por la calle Serrano Sanz.

Las casonas seriadas y en línea ofrecían por su apariencia una estructura barroca, reiterada a izquierda y derecha de la calle de San Roque, que contrastaban por la tonalidad cromática de la piedra arenisca con el color más refulgente del Museo Diocesano.

A la derecha de la cuesta, la Calle del Seminario, curvilínea, alineada de balcones, farolas y marquesinas, ofrecía una silueta irreprochable de simetría en las fachadas de piedra natural.

Sigüenza, la Catedral y el Doncel

Río Henares, Puerta del toril, Calle de San Roque, Calle, Plaza Mayor, Ermita del Humilladero, Puerta de Hierro, Puerta del Sol, Calle del Seminario

A la izquierda de la cuesta, cercado el atrio por rejas y puerta de forja, destacaban dos torres de cuatro cuerpos y piedra arenisca, formidables, que encajaban las tres naves de la Catedral. Se accedía al templo por medio de tres puertas. El muro exterior tenía mezcla de estilos: románico, neoclásico (principalmente la Puerta del Mercado, frente a la Plaza Mayor) y barroco.

Dentro del templo, la planta románica advertía al espectador de los dos siglos de construcción que separaban los elementos arquitectónicos del edificio (por ejemplo, la Torre del Gallo de 1300 conservaba en su exterior huellas de metralla de la Guerra Civil). Los vitrales simbolizaban los clavos de Cristo en la planta de cruz latina del templo: rosetones con tracerías en los pies de la nave central y en las dos manos del transepto.

La nave central de la Catedral no tenía perspectiva: estaba cortada por el altar del trascoro con la imagen de Santa María de la Mayor, románica, y del siglo XII. El coro cerrado por una reja con órgano churrigueresco era el segundo corte de la nave central.

Finalmente, el presbiterio estaba enmarcado por dos púlpitos y cerrado por otra reja plateresca de hierro forjado, que mostraba un retablo con predela y tres cuerpos en el interior del altar mayor. En torno al deambulatorio destacaban capillas ordenadas en perfecta alineación.

La primera visita fue a la Puerta de la Capilla de la Anunciación, que tenía una amalgama de estilos renacentistas y mudéjares (estilo Cisneros o cisneriano). Después, siguió la visita por el Claustro gótico, con arcadas en cuatro galerías, circunscrito en torno a un patio con fuente y plantas.

Una reja cerraba la Capilla de la Concepción, gótica, que exhibía el cuadro “La Anunciación” de El Greco. Otra sala exponía una colección de trajes de época de la producción televisiva Isabel. Impresionante era la sala de los tapices flamencos. La reciente restauración de una serie de ocho tapices permitía seguir la secuencia mitológica de la diosa Atenea triunfante sobre la guerra.

La Sacristía mayor o de las Cabezas era una sala decorada con relieves en paredes laterales y techo. La puerta de madera de nogal era detalle de magnificencia en los relieves de santas mártires. La profusa decoración del techo y paredes del maestro Vandoma en el interior de la sala había sido escuela para Vandelvira en la Sacra Capilla del Salvador de Úbeda.

Faltaba conocer la Capilla del Doncel, en el lado sur del transepto. Traspasada la reja había varios enterramientos de estilo renacimiento en la capilla funeraria: desde los padres al hermano del Doncel.

El Sepulcro del Doncel, Martín Vázquez de Arce, era la escultura funeraria de alabastro con la cruz de Santiago policromada más famosa de cuantas conocía por su postura recostada, colocación de piernas de caballero armado, ojos abiertos leyendo un libro sostenido en las manos, que simbolizaba su condición de nobleza. Esculpido entre 1486 y 1504, el Doncel había sido motivo poético:

Volviendo en una oscura madrugada

por la vereda inerte, del otero,

vi la sombra de un joven caballero

junto al azarbe helado reclinada.

Una mano tenía ensangrentada

y al aire la melena, sin sombrero

¡Cuánta fatiga en el semblante fiero

dulce y quebrado como el de su espada!

-Tan doliente, tan solo y malherido

¿adónde vas en esta noche llena

de carlancos, de viento y de gemido?

Yo vengo por tu sombra requerido,

doncel de la romántica melena,

de voz sin timbre y corazón transido.

Rafael Alberti

Dejando a un lado el Retablo de San Juan y Santa Catalina, y subiendo los peldaños de un pórtico neoclásico salía a la Plaza Mayor por la Puerta del Mercado.

Sigüenza, la Catedral y el Doncel

Tapiz flamenco, Santa María de la Mayor, Puerta de la Capilla de la Anunciación, Claustro, Sacristía, “La Anunciación” de El Greco, Fachada principal de la Catedral, Puerta del Mercado, Puerta, Cabeza de Sacristía, Sepulcro del Doncel

Enfrente de la Torre del Gallo, siguiendo las fachadas de casonas apoyadas en una hilera de columnas se encontraba el Ayuntamiento con soportales y galería abierta en la fachada y un patio interior castellano restaurado. Esta plaza había sido testigo en su época de lidia de toros, testimoniada por un arco que llevaba por nombre Puerta del toril.

La Calle Mayor estaba en cuesta. Las edificaciones, adosadas a tramos del lienzo de la muralla, permitían conocer a través de arcos antiguos pasadizos, como la Puerta del Sol. Luego, la iglesia de Santiago, románica del siglo XII, testimoniaba por su estado de conservación interior el desastre de la Guerra Civil.

A la derecha de la cuesta se abrían callejuelas (Travesañas) del casco viejo que recordaban a habitantes judíos. Al fondo de la calle se abría el espacio en la plaza del castillo que tenía vistas a un paisaje de pinos resineros y restos de molinos y fábricas (entre otras, de sal).

Se inició la construcción del Castillo-palacio en el Siglo XII; se destruyó en la Guerra Civil y se ha reconstruido como parador nacional en 1972. Originariamente fue castillo de los Obispos de Sigüenza sobre antigua alcazaba árabe.

La historia de los cien obispos gobernando en la ciudad, las intrigas de los nobles moradores y las guerras vividas en el castillo ha sido tan variada, que bien merecía un monográfico para una serie televisiva. En fin, aunque reconstruidas se observaban desde el exterior la portada y torres así como la barbacana y dos cubos con sus matacanes.

Por la calle de San Juan se llegaba a la Plaza de la Cárcel, antigua Plaza Mayor medieval, que tenía cerca la Puerta de Hierro con hornacina de la Virgen por la que llegaban en otros tiempos mercancías del barrio judío, comerciantes que abastecían la ciudad de alimentos.

La portada románica de la iglesia de San Vicente Mártir aludía a la conquista de la ciudad un 22 de enero de 1124. Como la iglesia de Santiago, las arquivoltas estaban decoradas de motivos geométricos. Mientras, el tímpano sostenía una imagen de la Virgen que miraba a la calle de San Vicente.

A un paso estaba la Casa del Doncel o palacio de los Marqueses de Bédmar de estilo gótico, en un lado de una plazuela de ambiente medieval. Constaba de tres pisos, rematada con almenas.

Había tenido diferentes adaptaciones y costumbres, pero el uso que prevalecía era como extensión de la Universidad de Alcalá de Henares para curso de verano, sala de exposiciones y de lectura. De hecho se ha conservado una pared con apuntes y un vítor en conmemoración de la colación de grado de doctor a un estudiante a la manera de las habidas en las universidades de Salamanca, Alcalá de Henares, Sevilla o el Archivo de Indias sevillano.

Había regresado a la Plaza del Obispo D. Bernardo para visitar el Museo Diocesano de Arte Antiguo que contenía una exposición dedicada a Cisneros y a la época de la invención de la imprenta. Palacete de tres plantas, su estado actual era ejemplo de acondicionamiento como edificio para albergar un patrimonio de unas 220 piezas de la Iglesia, destacando la Inmaculada Niña de Zurbarán.

Regresaba a la Sigüenza renacentista y barroca para contemplar la fachada ondulada y barroca de la Iglesia – Monasterio RR. Ursulinas en un extremo del paseo Alameda, que tenía uso escolar.

En el otro extremo del paseo, retranqueado, el convento gótico y renacentista Nuestra Señora de los Huertos, con contrafuertes en el exterior, se remataba con gárgolas, pináculos e imágenes.

El recogimiento y silencio del interior aumentaba tras la reja del presbiterio, especialmente contemplando la bóveda de crucería. Las monjas clarisas elaboraban magníficas trufas que endulzaban el paseo por el cauce del Henares.

Otro edificio en la misma Alameda, cerrado y aparentemente de uso turístico, era la Ermita del Humilladero de la época de Felipe II, renacentista.

Sigüenza, la Catedral y el Doncel

Casa del Doncel, Iglesia de San Vicente Mártir, Patio del Ayuntamiento, Iglesia de Santiago, Castillo, Iglesia – Monasterio RR. Ursulinas, Antigua Plaza Mayor, Parador

 

Sigüenza, la Catedral y el Doncel

Inmaculada Niña de Zurbarán

Mientras, leía el poema corto de Francisco Brines “El Caballero dice su muerte” (Descansaba entre encinas, recostado/ sobre las hierbas de la primavera,/ un día azul, de paz, con la armadura/ puesta sobre la carne, y una espada/ que iba del talle al río./ En la palma desnuda de la mano/ caía mi cabeza, y en los ojos/ iba un libro copiándose, vertiendo/ limpia meditación. Lo sostenía/ la mano del sosiego y de la danza./ Era el lugar de unos velludos robles,/ y agrestes peonías que a la tierra/ cubrían de color, de luz, de gloria/…).

Miré por la ventanilla y el tren hacía su silencio largo por comarcas de encinares, matorrales, quejigares y pinos resineros. Atrás quedaba Sigüenza, la Catedral y el Doncel, uno de los pueblos más bonitos de España, que había sido declarado Capital del Turismo Rural 2017.

Luis Miguel Villar Angulo & LMVA

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