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Luis Miguel Villar Angulo

De Arribes del Duero al Cañón del Sil

De Arribes del Duero al Cañón del Sil. 

De Arribes del Duero al Cañón del Sil

Catedral de Zamora

Desde Zamora por la carretera ZA-324 se llegaba a la portuguesa Miranda do Douro en 55 minutos. Allí estaba el embarcadero. Antes de iniciar el recorrido en barco visitamos la ciudad. En particular, la antigua Catedral, que era una iglesia del siglo XVI y monumento nacional portugués desde 1910. Las dos torres graníticas sobresalían del resto de las edificaciones, y el frontispicio resultaba más esbelto desde el bajo de las escalinatas. El templo contenía muchos retablos en distintas ubicaciones de la planta de cruz latina. El altar principal se vestía de un estilo manierista que apuntaba a un incipiente barroco del que ya gozaban muchos altares de templos sevillanos. Aunque el Niño Jesús (Menino da Cartolinha) era una de las imágenes más buscadas por los visitantes, me llamaron poderosamente la atención la sillería del coro en un ala del crucero y el destacado órgano revestido de dorados contrastado con tuberías plateadas de color.

La ciudad medieval conservaba la plaza de Juan III que convirtió este pueblo en ciudad. Dos figuras recordaban la vestimenta de las gentes mirandesas de la región de Trás-os-Montes. (En la comarca alistana zamorana era típica la capa parda que dibujaba filigramas y geometrías, y cerraba con una esclavina y capucha). Tenía la plaza forma cuadrada y las fachadas de los edificios más significativos miraban la explanada. En otra plaza dedicada a estacionamiento de coches se levantaban las ruinas del castillo y ofrecía otras vistas de la ciudad. Las calles adyacentes se aprovechaban para restaurantes y el comercio de productos típicos de cerámica, cestería, ropas y otros ajuares. La ciudad había sabido aprovechar la construcción de un pantano para embalsar el rio Duero, fronterizo con Zamora, y ofrecer un paseo en barco desde un embarcadero próximo. 

 

De Arribes del Duero al Cañón del Sil

Miranda do Douro

La Estación Biológica Internacional Douro era una institución privada construida en 2002 para estudiar la biodiversidad de la reserva de la Unesco «Meseta Ibérica». El crucero en un buque hidrográfico no solo ofrecía a los turistas la contemplación activa del paisaje de las orillas, localización y nidificación de aves acuáticas y rapaces, asesorado por una guía, sino que hacía, además, experimentos, con la fauna microscópica de las aguas del río con extracciones y exposiciones de agua en una pantalla, mientras se discurría silenciosa la embarcación. Los arribanzos zamoranos vistos desde el río tenían colores variados formados por las erosiones de los granitos, pizarras y gneis. Las paredes de las orillas eran auténticos cañones. Al final del recorrido, y como muestra de respeto del medio ambiente, hubo una demostración de adiestramiento de aves rapaces, en particular, de rapaces nocturnas. 

 

De Arribes del Duero al Cañón del Sil

Arribes del Duero

Después de pasear por las calles con edificios modernistas de Zamora, iniciamos la ruta Patrimonio de la Humanidad  que era la Ribeira Sacra, situada al norte de la provincia de Orense y al sur de la provincia de Lugo. La Ribeira Sacra albergaba un patrimonio cultural valiosísimo con múltiples monasterios (por ejemplo, Monasterio de Oseira en este blog) y un relieve de original orografía en los Cañones del Sil. Las horas de salida del catamarán para atravesar una parte del curso fluvial del Sil estaban anunciadas en Os Chancís a 7,5 kms. de Sober. Decidimos olvidar los tiempos que marcaba el gps del móvil, porque las carreteras de montaña eran angostas y retorcidas y había que conducir a baja velocidad atravesando bosques de castaños, robles y alcornoques.

En el catamarán, las explicaciones que daba la guía sobre los cultivos de viñedos «heroicos» para la extracción de la uva Mencía en las terrazas de las laderas montañosas de 85% de inclinación fue uno de los aspectos más impresionantes para cualquier ojo que haya visto las extensiones llanas de los viñedos riojanos, castellanos o jerezanos. Eran, además, viñedos históricos, porque su cultivo y crianza databan de la época romana. Después de una hora de navegación, impresionado de nuevo por el contraste entre las montañas cubiertas de naturaleza y la reposada lámina de agua del Sil, fuimos a visitar monasterios (entre otros, San Esteban de Ribas de Sil, hoy convertido en Parador Nacional). 

 

De Arribes del Duero al Cañón del Sil

Cañón del Sil

Una vez visitado el monumental y bien acomodado monasterio de San Esteban, quisimos conocer el monasterio de San Pedro de Rocas, lugar apenas habitado, en medio de un bosque en altura, diametralmente distinto al entorno de San Esteban. En este monasterio, la magnificencia correspondía en la actualidad a su restauración como establecimiento hotelero. Por el contrario, en San Pedro la posible vida de comunidad original del siglo IX se había esfumado y de ella quedaban restos en una antigua iglesia horadada en la piedra. Posteriormente, el monasterio dependió de Celanova (en este blog), como también del monasterio de San Esteban. Como parroquia, San Pedro acogió un número escaso de monjes. Los incendios habían dejado en la Casa Prioral el único vestigio de lo que fue como monasterio. El interior de la construcción se iluminada por la luz exterior que penetraba desde la puerta de acceso. En fin, los escasos detalles artísticos del interior eran un arco, un sepulcro y una pintura mural de un mapamundi de difícil visualización.

En este conjunto monacal había un centro de interpretación de la Ribera Sacra que ilustraba la aglomeración de monasterios e iglesias en distintas viñetas. Dispuesto a visitar todas las rocas del lugar, y percibiendo que sobre una enorme peña se había levantado una espadaña con campanario, reconocí que este punto era lo más simbólico que ofrecía el entorno monacal.

Ah! se me olvidaba contar un paseo realizado para visitar la fuente de San Benito a pocas decenas de metros de San Pedro. Después de ver casas privadas, monasterios y rocas de granito con musgo, el verde de los castaños con sus erizos apuntando el otoño daban un color «espinoso» al camino que pronosticaba un tiempo de «pañar castañas» muy generoso. 

De Arribes del Duero al Cañón del Sil

San Pedro de Roca

Luis Miguel Villar Angulo

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