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Luis Miguel Villar Angulo

Celanova, Sta Comba de Bande y Campamento Romano

Celanova, Sta Comba de Bande y Campamento Romano de Aquis Querquennis.

 

Monasterio de Celanova

Monasterio de Celanova

 

Celanova, Sta. Comba de Bande y Campamento Romano Aquis Querquennis son una triada monumental que se accidenta y desvanece en la Serra do Xurés.

A 31 kilómetros de Ourense, siguiendo las autovías A-52 y AG-31, descubrí el Monasterio de San Salvador en la villa de Celanova. Ocupando un lado de la Plaza Mayor del pueblo se elevaba un conjunto monumental que integraba una iglesia con tres ábsides, claustros y viviendas para monjes, cenobios, y peregrinos y huéspedes, como otros monasterios visitados de la provincia orensana.

Una vista área del pueblo justificaba la ordenanza municipal de 1920 que prohibía levantar edificios con alturas superiores a las ventanas del Monasterio. La oficina de turismo local, alojada en el mismo edificio del complejo monacal, auspiciaba visitas al claustro barroco, la iglesia conventual, la sacristía, el coro alto, el refectorio y cocina, y la capilla de San Miguel. Así que esa fue la secuencia de la primera visita cultural de lo que iba a ser una ruta turística en un día de agosto de 2017.

El monasterio celanovés fue fundado en el 936 por Rosendo, que fue obispo de Mondoñedo y Virrey de Galicia. La fachada enfática del monasterio, construida en 1653, que presidía la Plaza Mayor, me entretuvo un buen rato observando todos sus detalles, mientras algunas personas sentadas en las terrazas y bancos de la plaza al abrigo de las casas bajas parecían espectadores de un auto sacramental en donde los santos Benito, Rosendo y Torcuato parecían que iban a interpretar sus propios dramas sacros, en particular estos dos últimos.

Desde el segundo cuerpo de campanas con galería de la torre, un buen maestro cantero habría podido dirigir la ordenada colocación de los sillares del edificio. Abajo, en la plaza el prolífico arquitecto cántabro Melchor de Velasco Agüero se encargó de dimensionar la fachada barroca con frontones partidos, esculturas, columnas corintias, pilastras toscanas y hornacinas, y posteriormente de la reconstrucción de la iglesia. Los supuestos restos de San Torcuato, uno de los siete varones apostólicos ordenados por Roma para evangelizar la antigua Hispania, y que fue obispo de Guadix, se encontraban en la sacristía de la iglesia.

Tras la aciaga desamortización de Mendizábal de 1836, ministro de denostada popularidad, que mediante la apropiación del estado de bienes a “manos muertas” y su posterior venta sirvieron para la amortización de los títulos de deuda pública (vales reales), este monasterio dejó de ser un retiro para la orden benedictina.

Nunca pudo imaginar Melchor de Velasco que el edificio llegara a ser propiedad del ayuntamiento y que la presente corporación municipal instalara en él un instituto, un centro para la tercera edad y oficinas del ayuntamiento. Así que no fue una sorpresa para mí ver a niños jugando a la pelota en el Claustro del Poleiro, neoclásico, con balconadas sostenidas por ménsulas, como si fueran niños aprendices a novicios, y a personas de la tercera edad jugando a las cartas como huéspedes en dependencias del refectorio donde estaba la cocina y una enorme chimenea. Yo me consideré un peregrino tomando café en aquella estancia servido por una señora con acento latino que recordaba los lazos de la población gallega con gentes de la América caribeña.

La guía me llevó a la majestuosa y decorada Iglesia. Tres naves, un crucero y una cúpula con pinturas de enfoque santoral y relieves de frutas y composiciones heráldicas. De nuevo la orden benedictina había dado sentido a la liturgia religiosa, como había visto en otros templos de la orden monástica: Monasterio de OseiraMonasterio de Santo Domingo de SilosMonasterio de Santa María de Montserrat, Monasterio de Poblet, el transformado Santo Estevo de Ribas de Sil o la Abadía de la Santa Cruz del Valle de los Caídos. El primer mandato de la Regula Sancti Benedicti era el “ora et labora” con un cuidadoso respeto a las horas para hacer compatibles la oración, el trabajo agrícola y el sueño.

Contemplando el Retablo Mayor del Monasterio de Celanova los monjes tendrían que haber meditado necesariamente. Como espectador, estaba impresionado por el dorado que hacia brillosa la madera. Barnizadas y limpias las figuras hasta el último poro, el retablo resplandecía en todas las calles y columnas salomónicas como un auténtico mueble litúrgico dedicado a la función devocional del Salvador, titular del templo. Las verdades de la fe fueron el eje de muchos retablos barrocos; en este conjunto se hacían muy patentes las enseñanzas del concilio de Trento de 1564 que ensalzaba la utilización de las imágenes para el adoctrinamiento y propaganda de la fe: Transfiguración, Resurrección y Ascensión. Es más, la función catequética llegaba incluso a las bases de alabastro de las columnas.

Después de observar la cúpula con sus pinturas hagiográficas y sus relieves vegetales y blasonados, había que espaciar la mirada a los altares barrocos dedicados a la Crucifixión y a la Inmaculada. La visita a la Sacristía con pinturas de Gregorio Ferro, que compitió con Velázquez para ser pintor de la Corte y un relicario de interesante orfebrería y variadas casullas fue breve.

La subida al Coro Alto en la tribuna seguía un estilo gótico con 56 sitiales tallados con personajes bíblicos y misericordias con detalles de imaginería mitológica, que habría que observar con paciencia por algunas de sus figuras plegadas en escorzos rudos. Desde allí, se ofrecía una vista esplendorosa de la bóveda de medio cañón de la nave central iluminada en el crucero por la cúpula y a la izquierda de mi vista se encaramaba un profusamente restaurado órgano que en la actualidad tenía unos 1.800 tubos.

ECoro Bajo estaba en el centro de la nave central con decorada sillería. Se accedía a él a través de unas resplandecientes puertas del siglo XVIII.

Detrás de la Sacristía estaba el Claustro Reglar de dos cuerpos: el inferior renacentista y el superior barroco con enromes gárgolas que sobresalían de las adosadas pilastras para escanciar el agua de lluvia de las vertientes de los tejados, cuyos grotescos oníricos no representaban figuras provocadoras, como la recreación de los pecados y las historias macabras de la Lonja de la Seda de Valencia, y que ahora procesionaban formando máscaras en la fiesta del  Entroido. Entre los arcos del piso inferior aparecía, magnificente, el campanario y de atesorada inflexión la cúpula de la iglesia.

Fuera del edificio, orientada de este a oeste, levantada hacia el año 936, reducida en proporciones, como un joyero exento, una retirada capilla mozárabe, Monumento Histórico-Artístico desde 1923 (Oratorio de San Miguel Arcángel), abierta por un lateral, con plegaria escrita en un sillar granítico que anunciaba a un “Froila pecador”, provocó un ligero desconcierto para mis ojos por su apacible belleza arquitectónica: imaginaba cómo el sol del amanecer proyectaría la luz a través del alfiz de un arco de herradura hasta salir por la ventana de la cara opuesta de la nave y un eco lejano repetiría: “Glória et honor Patri et Fílio et Spirítui Sancto, in sæcula sæculórum. Amen”.

Oratorio de San Miguel

Oratorio de San Miguel

De la capilla mozárabe de Celanova a la Iglesia visigoda cruciforme de Santa Comba de Bande tardé 17 minutos por la OU-540. El parque Natural Baixa Limia-Serra de Xurés me iba a dar la sorpresa de conocer la iglesia más antigua de Galicia (aproximadamente del año 675), que había sido declarada monumento nacional en 1921. Después de haber visto San Juan de Baños de Cerrato (Palencia), considerado el templo más antiguo de España, igualmente visigodo del año 661, y considerado Bien de Interés Cultural en 1897, estaba convencido del parentesco visigodo de esos templos, como el también visitado de San Pedro de la Nave en la provincia de Zamora, igualmente del siglo VII.

Había llamado a la señora que tenía las llaves del templo para contemplar su interior (un muro cerrado por una verja de hierro circundaba la iglesia). Orientada de este a oeste siguiendo la práctica litúrgica habitual, los muros de la iglesia eran soberbios; aunque la teja del país de la cubierta restaurada le restaba antigüedad al antiguo santuario, no mermaba autenticidad a su bóveda interior. Destacaba en altura una espadaña con dos vanos que le daba a la construcción un aspecto más singular. En el interior, un arco de herradura se sujetaba sobre columnas con capiteles de distintos estilos. El ábside mantenía pinturas, y la linterna conservaba ventanas a cuatro vertientes del tejado que moteaba de luz el interior eremita.

Al margen de las descripciones arquitectónicas de los eruditos para analizar las similitudes y diferencias con otros templos visigodos coetáneos, el simbolismo de las pinturas de la bóveda con cielos repletos de estrellas, escenas de la Anunciación o de los cuatro evangelistas había estimulado nuevas hipótesis sobre las creencias de los fieles de aquella época. Un ara y un sarcófago donde inicialmente reposó San Torcuato y las decoraciones del ábside – pintadas o repintadas – cerraron mi transitoria visita del templo. Despidiéndome de la señora del pueblo que abría y cerraba el templo, atendí su queja: un monumento nacional necesitaba un guía, más que una persona que custodiara las llaves para abrir y cerrar el templo.

Santa Comba de Bande

Santa Comba de Bande

Cerca del tapial de la iglesia había casas y un hórreo que testimoniaba la patria de los antiguos galaicos. Abajo, en una hondonada, se veían las aguas remansadas del río Limia que engordaba el embalse del Quebrado de las Conchas.

De nuevo por la IU-540, dirección Portugal, la sede del centro de interpretación contenía los museos de la Quarquernia y Vía Nova. Cerca de la hora de cierre del centro, opté por recorrer el asentamiento civil (Aquis Querquennis) de la zona arqueológica de un campamento militar romano para unos 500 soldados y una turma (escuadrón) de caballería, probablemente destacados de la legión VII gémina de León. Como fortaleza militar, conservaba retales de muralla y torres esquineras, y traspasado el pórtico de un vano (porta decumana) bastantes paneles explicativos situaban al visitante en los entramados de las distintas dependencias del cardo y la decumana que ayudaban a comprender la estructura de las ruinas y la organización militar: cuartel general (principia), barracones de la tropa (strigia), graneros (horrea), hospital (valetudinarium), foso exterior y pasillo interior de la muralla (intervallum).

Era hora del caput cenae, los robledales de la zona mostraban generosas y puntiagudas bellotas con cáscara color castaño, las nubes grisáceas venían cargadas de agua y no llevaba paraguas…

Campamento romano Aquis Querquennis

Campamento romano Aquis Querquennis

Luis Miguel Villar Angulo & LMVA

One thought on “Celanova, Sta Comba de Bande y Campamento Romano

  1. Anónimo

    Como siempre, magnifica descripción y melodía acompañante para los aprendices de Arte.
    Saludos cordiales, Feliz entrada de Año-2018
    Fco. Pelegrín, Dr. Ingeniero Agrónomo

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Luis Miguel Villar Angulo