CU de la US
Luis Miguel Villar Angulo

Almagro es un referente del teatro español

Almagro es un referente del teatro español

 

Almagro es un referente del teatro español

Almagro monumental

Almagro era un referente del teatro español y un Pueblo Bonito de España, entre otros galardones. A veces, una parada en una villa histórica te venía bien para ejercitar las piernas y poner a prueba tus ojos y oídos. Porque el recuerdo borroso de una visita anterior a este pueblo no había sido suficiente, ahora quería reimpresionar mi vista de aquella vida aparentemente rodeada de sencillez ciudadana.

Fervorosamente fui impactado por la hosca diligencia de amontonar imágenes de calles limpias, fachadas ilustres, plazas abiertas, palacios nobles, iglesias de interiores encalados y pintados, templos expositivos, conventos de clausura, museos varios, tiendas de vinos y quesos, terrazas al sol… en delicada temperatura otoñal que multiplicaban las visitas de grupos de espectadores escuchando las historias y leyendas que los guías bordaban con sutiles palabras.

Fui libre de guiar mi mirada por calles y monumentos. Empecé sorprendiéndome de noche y luego de día por la Plaza de Santo Domingo. El Palacio de los Marqueses de Torremejía conservaba una puerta, balcón y heráldica rematada por un alero pintado de añil, bajo tejado que te abría los ojos por equilibrio y elegancia. A lo largo de la fachada se emparentaban ventanas en el piso inferior y balcones en el superior con dos claraboyas sobre el tejado. Inmensa residencia. Ya empezaba el desfile de edificios de rica vena, festoneando puertas, dinteles y balconadas.

Enfrente, y compitiendo en belleza, se alzaba la planta del Palacio de los Condes de Valparaíso. Era otro ejemplo de arquitectura suntuosa, rural; sí, pero de entrada aderezada con pilastras toscanas y balcón moldurado en la planta superior, soberbio de adornos y cuidada heráldica, que situaba al espectador en el contexto de una familia hidalga, la de un exministro del gobierno de Fernando VI (siglo XVII). Cerrada la puerta, no se veía el patio interior porticado de dos plantas que la Diputación ponía al servicio del festival de Teatro Clásico.

Almagro es un referente del teatro español

Almagro. Fachadas de la Calle Ntra. Sra. de las Nieves

A derecha e izquierda de la Calle Ntra. Sra. de las Nieves, como si estelas de vecinos de siglos atrás lo hubieran acordado en reuniones de comunidad, las fachadas de piedra de las casas antiguas gesticulaban en vibrantes aderezos. Ahora, las distinguía en las rotulaciones de los azulejos: Casa del Capellán de las Bernardas (siglo XVI), Casa del Prior de S. Bartolomé (siglo XVI), Portada de los Xedler (s. XVI), Casa de los Wesel (s. XVI), Casa Solariega de los Rosales (s. XVII), etcétera. Sobre portón y balcón de las casas, muchas fachadas se remataban con escudos que distinguían a sus familias.

La calle descrita terminaba en la Plaza Mayor que era un rectángulo irregular en uno de sus lados (104,5 x 35 metros). Restaurada la Plaza, ofrecía en los lados largos construcciones de viviendas de dos plantas, soportadas por 85 columnas de piedra de orden toscano, pintados los marcos de madera de color verde y acristalados los ventanales corridos de su superficie, que contrastaban con el color almagre de otras muchas fachadas del pueblo. Esa arquitectura original, propia de construcciones de países septentrionales, fue introducida por el gusto de una familia alemana, que en las proximidades había construido el Palacio Fúcares.

A pocos metros, y en medio de un jardín, se alzaba la figura ecuestre de Diego de Almagro, que había conquistado Chile. (Habíamos visto esculturas de héroes montados a caballo de la Historia de España en otras ciudades como TrujilloBurgos o Sevilla, pero esta estatua tenía poco valor artístico, aunque el personaje mereciera reconocimiento). Al fondo de la Plaza Mayor, la fachada del Ayuntamiento representaba la escena de la vida pública del pueblo. Ganaba en altura por una torrecilla central que albergaba un reloj y una estructura de forja que dejaba ver una campana importada de un convento de frailes franciscanos. Edificio bien iluminado por la noche, cerraba armónicamente el testero principal de la plaza.

En cada uno de los lados mayores de la plaza, se abrían callejuelas entre columnas, pero una de ellas pellizcaba la imaginación. Estaba cerrada. Unas columnas con zapatas soportaban una vivienda de una planta en un tramo del Callejón del Villar. De noche, cerrado el Museo del Encaje, como viandante esperaba alguna mueca de alguna encajera que se asomara por alguna ventana enrejada de las viviendas. Nada. El azar no me dio ese gusto. Tendría que esperar a mejor ocasión para ver como se hacían los bolillos o cómo las encajeras decoraban el ajuar con blondas de crochet.

Eso sí, algunas tiendas de la Plaza Mayor ofrecían una artesanía sobre tela, tartalana, tul o seda en blanco o negro, que se emparentaba con la tradición flamenca de Brujas que había llegado a España con Carlos I. Aunque no se podían hacer fotos del contenido museístico de los labrados e imitaciones de encajes (patrones de formas geométricas para ganchillo, donaciones de picaos, o la “Mantilla de Almagro”), lo cierto era que el pueblo había levantado un Monumento a la Mujer Encajera en 1988, cerca del Centro de Recepción de Visitantes,  y del Convento de la Asunción de Calatravas, como homenaje a esta mujer trabajadora y puntillosa. La Oficina de Turismo afortunadamente informaba de los horarios de los monumentos, regalaba planos y folletos, recomendaba itinerarios, y no tenía remordimientos al vender publicaciones de la ciudad que fueran manejables por el peso.

Almagro era un referente del teatro español en el Corral de ComediasDesde uno de los palcos, trataba de situarme en la fecha de su inauguración en 1628 para imaginar desfiles por los pasillos de hacendados, burgueses, eclesiásticos, bachilleres o militares. Igualmente, fabulaba aglomeraciones del pueblo llano: labradores, cabreros, venteros o arrieros, que se apostarían en los lados, de pie, debajo del primer cuerpo del edificio, que formaba un porche, cerca o lejos del pozo del patio central, después de haber traspasado el zaguán arrastrando los pies o en caballerías sobre el suelo de canto rodado. Imaginaba cómo pudo haber sido el estreno del Corral con una comedia de enredos recién publicada en ese año (por ejemplo,  Los Favores del Mundo de Ruiz Alarcón), y las respuestas de la gente sentada en los palcos o de pie, apoyada sobre una de las 54 pilastras de madera de la planta baja. Ahora, el patio estaba cubierto con un toldo para reducir el calor esperado del mes de julio y los asientos tensos de las sillas de planta de enea pendientes de la llegada de la 41ª edición del “Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro” programada para 2018.

No sorprendía que Almagro tuviera un Teatro Municipal y un Museo Nacional de Teatro. Cantera rica de escenografía, el pueblo había concitado todos los plácemes para tener desde 1989 un museo de carácter nacional donde se expusieran maquetas de montajes teatrales, hologramas, esculturas y pinturas de autores, actores, manuscritos de obras de teatro, figurines, marionetas, fotografías, etcétera. Se había ampliado un antiguo edificio, cuyo marco ofrecía oportunidades para la representación de obras teatrales en el patio de los antiguos Palacios de los Maestres, y en cuyo diseño cabía la lectura en la sede de la Biblioteca.

Otro espacio escénico era el Palacio FúcaresComo otras casonas de ladrillo, mampostería y tierra arcillosa y húmeda tenía una función de recaudación de los ingresos por la concesión de las minas de mercurio de Almadén por Carlos I a la familia Fugger en el siglo XVI. Como almacén, tenía patio, galería superior, jardín interior, salas y un despacho con la recreación del mobiliario y archivo de la época. Aparentaba un edificio de transparente quietud por las columnas toscanas que mantenían la planta superior del depósito; sin embargo, el inmueble albergaba ahora el bullicioso aprendizaje de la Universidad Popular de Almagro.

A escasos pasos, al lado del Ayuntamiento, se situaba la Iglesia de San AgustínFrente a edificaciones de estilo renacentista y mudéjar, las pinturas del interior de este templo eran el mejor exponente barroco de Almagro con una iconografía de la vida de San Agustín y de la Orden que se revelaba brillante de colorido. Un inmueble sin culto que servía de marco para exposiciones temporales, como una habida de fotografías sobre la arquitectura popular de Almagro.

Almagro era un referente del teatro español y de conventos de clausura.

Claustro. Convento de la Asunción de Calatrava (detalle de capitel)

En el Convento de la Asunción de Monjas Calatravas-Claustro de los Dominicos la visita giró en torno al claustro renacentista y a la iglesia gótica. Entonces, más que en ningún sitio, había disfrutado de ese seco mediodía contemplando lo que quiso ser un hospital de misericordia y se había transformado en un monasterio de mujeres calatravas. Como en otros recintos eclesiásticos, la desamortización de 1837 supuso el abandono del mismo, y gracias a la declaración del mismo como monumento nacional en 1851 se salvó de la ruina. Muchos espacios habían sido restaurados. Alguna huella de pintura aun se conservaba al descubierto. Salvo el cierre de acceso a la escalera principal de tracería gótica, por el resto de la planta baja cuadrada (26 mts. aproximadamente) y de la galería superpuesta se podía deambular contemplando 60 columnas de mármol de Macael de los órdenes jónico (planta baja) y toscano (planta superior). No paraba de tomar instantáneas de las nueve puertas y tres ventanas que se abrían desde los pasillos de tan variada ornamentación plateresca:  escenas talladas en piedra, molduras de asuntos mitológicos, que el audífono ayudaba a identificar. Desde la visita al Hospital de Tavera en Toledo no había tenido una impresión igual de otra institución. Y en el refectorio, además de un púlpito y una copia de una pintura en el testero y otra de un paisaje en el torno, el artesonado de alfarje daba testimonio de una construcción mudéjar. En otra estancia, el techo de madera en forma de artesa cerraba en altura la sala capitular. Era costoso dominar y recordar todos los motivos simbólicos de basamentos y basas, o los recubrimientos en los fustes, capiteles, entablamentos, cornisas o frontones. Había que haber leído las “Medidas del Romano” de Sagredo para comprender tamaña empresa arquitectónica y escultórica. Por una escalera interior en forma de caracol se podía acceder a la planta superior, y desde esta a la iglesia de una sola nave del siglo XVI construida en estilo gótico flamígero. La vista desde el coro permitía contemplar la cabecera del ábside en forma poligonal. Tenía el visitante la retina clara por los destellos de la belleza arquitectónica, la saliva seca, los pies en desbandada por los pasillos, el espíritu pensando en la ardua vida de las reglas para monjes y eremitas. Allí, el tiempo discurría lentamente, medido por los relojes de sol en los pretiles y las horas de los sones en un cuerpo de campanas.

La puerta de medio punto del Convento de la Encarnación estaba cerrada. La calle, limpia y clara. La fachada tenía un muro alto y el interior sonaba a lejanía. Las palomas se refugiaban de noche en un labrado escudo y corona marquesal que leones rampantes sostenían de los tenentes feudales.

Junto al Convento, la mampostería y los contrafuertes de la Iglesia de la Madre de Dios de 1602 preludiaban la fortaleza de un templo de tres naves que remataban en ábsides poligonales, con bóveda nervada en la nave principal. Además de las imágenes de los altares, un belén napolitano era una obertura a la Navidad. Abierta al culto como templo parroquial, los fieles acudían a ella principalmente por la tarde para la celebración de la Misa.

Abierta, igualmente, estaba la Iglesia de San Bartolomé por la tarde. Como otras de la Compañía de Jesús, tenía forma de cruz latina. Destacable en el interior de esta construcción del siglo XVIII era su bóveda de crucería, que sobresalía a la vista desde el exterior junto a dos torres a la entrada del templo.

Almagro era un referente del teatro español y no se abarcaba en una jornada. Para recuperarse de los paseos, muchas tiendas ofrecían quesos (¡evidentemente manchegos!) de oveja. Probé uno de oveja negra, raro y de sabor intenso. Lo maticé con un vino de uva Syrah cultivado en tierra volcánica y un tapeo de diseño. Y, después, quise leer alguna comedia de Cervantesque para la fecha de construcción del Corral de Comedias ya tenía compuestas “veinte comedias o treinta, que todas se recitaron sin que se les ofreciese ofrenda de pepinos no de otra cosa arrojadiza”.

 Luis Miguel Villar Angulo & LMVA

Deja un comentario

Luis Miguel Villar Angulo